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martes, 17 de febrero de 2009

La voz del vapor




Artículo publicado en Infomuseo, 7 (2006), pp. 5-7
Boletín Informativo del Museo Histórico Local de Monturque


LA VOZ DEL VAPOR. LA ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL COMO NUEVA FORMA DE APROXIMACIÓN AL PASADO RECIENTE

Desde que en 1962 (GUTIÉRREZ 1997, 79) la sociedad inglesa tomara la calle en denuncia por el derribo del pórtico de la estación ferroviaria londinense de Euston hasta nuestros días, la Arqueología Industrial ha experimentado un notable desarrollo, paralelo a una evolución tanto ontológica como metodológica. En efecto, las primeras definiciones de esta disciplina, como las debidas a Buchanan o Hudson, resultan hoy obsoletas y han dejado paso a otras nuevas, más ajustadas a la naturaleza arqueológica de esta herramienta de investigación histórica. De este modo, hoy podríamos definirla como la disciplina que estudia el mundo industrializado en todos sus aspectos, así como todo lo relacionado con las sociedades capitalistas, a partir, fundamentalmente, de la cultura material generada por las mismas.

Dos recipientes de distintas épocas con una misma función: contener líquidos. Ambos pueden informar sobre los procesos de producción que los generaron y las sociedades que los consumieron.

Cuestión aparte es el debate en torno al marco cronológico del que la Arqueología Industrial debe ocuparse. De un lado, están los que opinan que la actividad industrial es casi tan antigua como el hombre, formulando una disciplina diacrónica útil para estudiar una talla en sílex, un alfar islámico o una fábrica del s. XIX. No obstante, la postura dominante es la que defiende una Arqueología Industrial sincrónica, aplicada a un período concreto: el moderno mundo industrializado originado a partir de la Revolución Industrial [1]. En cualquier caso, bajo el término Patrimonio Industrial se engloba una cantidad ciertamente extensa de bienes de diversa naturaleza, pues a esta categoría pertenecen tanto los espacios para la producción como los objetos generados y las herramientas empleadas para ello, las infraestructuras necesarias para el desarrollo de la actividad industrial y también otros elementos no estrictamente productivos, pero sí relacionados con el mundo industrializado, como la vivienda obrera o, dentro ya de lo inmaterial, el lenguaje y forma de vida de los trabajadores. De esta manera, el Patrimonio Industrial se define como todo aquel relacionado directa o indirectamente con lo que conocemos como sociedad industrial, es decir, la basada en los sistemas de producción capitalistas, que desde la Revolución Industrial cambiaron radicalmente los esquemas sobre los que estaba construido el mundo desarrollado.

En España, la Arqueología Industrial todavía necesita asentar sus pilares entre la comunidad científica. A nivel social, el desconocimiento y la falta de sensibilización siguen representando dos importantes barreras a superar. Aún hoy en ciertos sectores resulta chocante la conjunción de dos términos que podrían parecer contradictorios: “Arqueología” e “Industrial”. Tal disonancia sólo se produce cuando se parte de una concepción errónea de la propia Arqueología, a menudo identificada con una de sus técnicas -la excavación-, y con un tipo concreto de Patrimonio -el soterrado-. Pero si entendemos la Arqueología en su verdadera dimensión científica, es decir, como disciplina que investiga la Historia a partir fundamentalmente de los restos materiales generados por el hombre, la legitimidad de la aplicación de su método a cualquier período se hace evidente. Asimismo, los problemas de sensibilización tienen que ver con otra percepción errónea, esta vez del concepto Patrimonio, tradicionalmente asociado con lo bello o con lo antiguo. Aun cuando existen abundantes excepciones, parece claro que el bien industrial no juega, a priori, con los mismos parámetros de belleza que el artístico, pero así y todo cuenta con una estética propia, apreciable desde distintos esquemas. Por otro lado, no ser aún antiguo, sino sólo viejo, genera también cierto rechazo en la sociedad, que a menudo no logra encontrar en el Patrimonio Industrial una seña de identidad [2].

La fundición de plomo de Peñarroya (1891), como la Mezquita-Catedral en Córdoba, es un documento histórico y una seña de identidad.

Sin embargo, que el Patrimonio Industrial es un documento excepcional es un hecho que no creo necesario argumentar. No cabe duda de que del mismo modo que un castillo puede informar acerca de las sociedades que lo construyeron y utilizaron, así como de las circunstancias que generaron la necesidad de su edificación, una fábrica es igualmente testigo de un momento histórico singular, y entre sus muros se almacena la memoria de los procesos y los cambios que configuraron nuestro mundo actual. Leer esos datos, interpretarlos y difundirlos es el cometido de la Arqueología Industrial, porque no todo lo que sucedió quedó recogido en las fuentes escritas y, sobre todo, porque estas últimas fueron elaboradas habitualmente desde el poder y con la intención que late bajo cada acción humana. Es por ello que esta nueva disciplina puede aportar, a través del estudio de su fuente de información más genuina -la cultura material-, tanto nuevos datos como una importante contrastación de los ya disponibles. O lo que es igual: una nueva visión de nuestro pasado inmediato.

Juan Manuel Cano Sanchiz

NOTAS:
[1] Precisar los límites de este período industrial supone un nuevo debate en el que no podemos entrar aquí por falta de espacio, por lo que remitimos a JIMÉNEZ BARRIENTOS 1997.
[2] Por supuesto esto no es válido ni para el total de los ciudadanos ni, mucho menos, para todas las regiones y países (piénsese, por ejemplo, en el caso inglés, donde se visitan tantas fábricas como catedrales), pero escribimos desde y sobre las circunstancias específicas de Córdoba.

BIBLIOGRAFÍA:
- ARACIL MARTI, R. (1982): “La investigación en Arqueología Industrial”, en I Jornadas sobre la Protección y Revalorización del Patrimonio Industrial, Bilbao, pp. 15-24.
- BARRAL i ALTET, X. (1992): “Arqueología industrial o Arqueología del mundo moderno y contemporáneo”, en RIPOLL, G.: Arqueología, hoy, Madrid, 175-184.
- DOUET, J. (1997): “Arqueología industrial en Gran Bretaña”, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, 21, pp. 106-111.
- FORNER, S. (1991): “Arqueología industrial. Concepto, teoría y métodos”, en RAMOS et alii: Arqueología Industrial (notas para un debate), Málaga, pp. 23–38.
- GUTIÉRREZ LLORET, S. (1997): Arqueología. Introducción a la historia material de las sociedades del pasado, Alicante, pp. 79-88.
- JIMÉNEZ BARRIENTOS, J. C. (1997): “El Patrimonio Industrial. Algunas consideraciones relativas a su concepto y significado”, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, 21, pp. 99-105.
- MARTÍNEZ, J. M. y CLOSA, F. (1999): “L’arqueologia industrial: una visió a la fi del mil·lenni”, Revista d’Arqueologia de Ponent, 9, pp. 325-335.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amén hermano. :)
bonito blog, lo seguiré.

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