Adecuación de la mina Santa Rosa (Peñarroya) para el turismo


Noticia de la agencia E.F.E., a través de Diario Córdoba
20/08/2009

Peñarroya-Pueblonuevo contará con una galería minera simulada con fines turísticos gracias a unas labores consistentes en la limpieza y adecuación de los terrenos de la antigua mina Santa Rosa.
El Ayuntamiento de Peñarroya ha informado hoy en un comunicado de que el Boletín Oficial de la Provincia ya ha publicado la convocatoria del procedimiento abierto y urgente, con varios criterios de valoración, para la adjudicación del contrato de obras de "Mejora de la calidad de los terrenos de la Mina Santa Rosa".
La obra ha sido encargada por el Ayuntamiento de Peñarroya-Pueblonuevo y será sufragada al cien por ciento con cargo a los Fondos Miner.
Asimismo, el plazo de ejecución es de cinco meses y el presupuesto de la misma asciende a 321.047 euros.
Según la alcaldesa, Luisa Ruiz, con este actuación "se pretende poner en valor una de las señas de identidad de nuestro municipio, creando una galería simulada y rememorando así el pasado minero de nuestra localidad, a la vez que se potencia el turismo en la zona".

Bocamina de Santa Rosa, en el Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo.

Más noticias sobre la recuperación de Santa Rosa:

http://www.eldiadecordoba.es/article/provincia/496670/terreno/la/mina/santa/rosa/se/descontaminara/cinco/meses.html

http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=503812

Desde La ciudad crítica esperamos que esta buena noticia se materialice en hechos reales y que, por fin, el Patrimonio Arqueológico Industrial de Peñarroya -que pasa por estar entre los más importantes de Europa- comience a ser recuperado.

Angustias

Relato breve.
- Va a llorar.
No, no iba a llorar. Estaba jodido pero no pensaba llorar. Al principio sí, no lo niego. Se me vidriaron los ojos de manera automática, pero no pensaba llorar, allí no, entonces no. Una vieja que fumaba un Ducados me miraba con cara de preocupación.
- ¿Está usted bien?
- No se preocupe señora, estoy bien –mentí-.
Un par de minutos antes, en el baño, no pude reprimir un grito. Cuando salí, el bar entero me observaba con descaro. Supongo que cuando uno grita en un aseo público no puede esperar indiferencia por parte de la gente que le rodea. Pero, ¿era necesario que todo el mundo me mirase de aquella forma?, ¿por qué no seguían en sus conversaciones, o en sus periódicos? Rompí el silencio.
- Estoy bien, estoy, bien. No ha sido nada.
Cuchicheos. El bar se llenó de repente de murmullos, las miradas se hicieron furtivas y, poco a poco, todo recuperó su ritmo. La máquina de los cafés volvió a silbar y el camarero a hacer ruido con los platos y los vasos.
Estaba realmente preocupado. Sentía sudor frío en la espalda, y en las manos, y podía notar mi cara blanca, de muerto. No quería pensar en que podía haberle pasado algo malo. No, aquello no podía ser irrecuperable, sencillamente yo la necesitaba, no sabría vivir sin ella.
Me dirigí a la barra. El barman tenía cara de incógnita, pero se limitó a mirarme, sin preguntar.
-¿Qué le debo? –noté que la voz me salía desde debajo del estómago.
- Son dos con cincuenta señor.
Pagué y me fui. No había salido por la puerta cuando, a través de su cristal, pude ver como un par de curiosos corría hacia el baño. Imbéciles. ¿Qué esperaban encontrar allí? Nada que pudieran relacionar con mi grito, ni con mi dolor.
Dios, sentía dolor. Y pánico. Sencillamente estaba aterrado. Jamás pensé que pudiera sucederme algo así. Creí que siempre estaría conmigo tal y como era, que no iba a cambiar nunca nada, que continuaría haciéndome sentir bien toda mi vida, que jamás le ocurriría nada malo, nada como esto… Tenía que ir al Hospital con urgencia, la duda se movía dentro de mí como una serpiente por el barro, me notaba un hueco alrededor del corazón.
- ¡Taxi!
El coche paró junto a la acera, abrí la puerta y entré.
- Al Hospital General, por favor.
- Andando.
Estaba claro que el taxista no tenía prisa. Frenaba al ver los semáforos en ámbar y se distraía continuamente con la radio, hablando con sus compañeros. Mejor, no me apetecía hablar con nadie. Me pinchaba el desasosiego y pronto empecé a envidiar su despreocupación. Bendita despreocupación. Me di cuenta entonces de que no había avisado a nadie en el trabajo. Había bajado a desayunar con el periódico en la mano, como cada día, y para nada esperaba que la mañana se fuera a truncar así, que la vida se fuera a torcer así. Me saqué el móvil del bolsillo. Lo miré y me lo volví a guardar. No, definitivamente no tenía ganas de hablar con nadie.
Eran las 10 y poco y hacía un calor espantoso. Por lo menos yo sudaba como un cerdo. Y el taxista, el taxista también. Y además apestaba.
- ¿Podría usted poner un poquito el aire, por favor?
- Está roto compare –me dijo mirándome por el retrovisor.
Perfecto. Además le faltaban dientes. “Vaya regalito”, pensé. Bajé la ventanilla e intenté distraerme mirando a la gente, pero sólo conseguía verla a ella, atrapada. Un escalofrío me recorrió toda la espalda. ¿Qué haría si la perdiese o le pasara algo? No, eso no iba a suceder. Nos iba bien, nos iba bien y lo pasábamos en grande juntos. Me encantaba acariciarla, y a ella que lo hiciera, nos dábamos placer, pero, ¿y si eso se acababa? No, no podía ser, era demasiado joven. No, al menos aún no. Deseé saber cómo se comen las uñas. El taxi paró.
- Po aquí estamos –dijo la morsa al volante- Sais con vente.
Le di seis cincuenta y me bajé a toda prisa sin esperar la vuelta. No podía esperar más, tenía que averiguar qué pasaba ya, qué pasaría, ya. Me dirigí a la entrada del Hospital, de fondo me pareció oír al taxista, no sé si daba las gracias o se quejaba de alguna cosa, tampoco me importaba.
Entré directamente por la puerta de urgencias. Un celador se me acercó, no le hice caso y avancé. Después una enfermera, también la esquivé y continué mi camino. La cabeza me daba vueltas, me estaba empezando a marear, sentí una náusea y pensé que iba a vomitar allí mismo, pero sólo di una arcada sorda.
Mi preocupación aumentaba por segundos, estaba muy acelerado, podía oírme el corazón en la sien. Ahora que estaba a punto de saber la verdad me sentí aún más cobarde, incluso deseé huir, escapar, pero no, tenía que afrontarlo como un hombre. Y apechugar. Dios, no podría vivir sin ella, me moriría.
Vi pasar a un señor con una bata blanca y me dirigí corriendo hacia él. Era el Dr. Martín, un viejo conocido, de confianza. Se lo conté todo mientras él se atusaba la barba, ¿estaba escondiendo una sonrisa? Tosió, puso su mano sobre mi hombro, noté su calor y, por un instante, logró tranquilizarme un poco.
- No se preocupe amigo mío –me dijo mordiéndose la voz- No es usted el primero que se la pilla con la bragueta.
Juan Manuel Cano Sanchiz

La gestión del patrimonio arquitectónico en las ciudades históricas: metodología y técnicas.

Cursos de Verano de la UCO

Foto: A. J. González (http://www.diariocordoba.com/servicios/galerias/galeria.asp?pkid=13350).


- Fecha del curso: Del 21 al 25 de Septiembre de 2009
- Categoría del curso: Curso de Formación Permanente
- Nivel académico exigido: Estudiantes de carreras vinculadas con el contenido, estudiantes de máster, arquitectos, arquitectos técnicos, arqueólogos, historiadores del Arte, restauradores, documentalistas, e interesados en el Patrimonio en general
- Número de horas: 40
- Créditos de libre Elección Curricular: 2,5
- Precio de la matrícula: 60 euros
- Lugar de impartición: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos (Plaza Cardenal Toledo, 1)
- Entidad patrocinadora: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos
- Director Académico: Profesor Doctor Alberto León Muñoz


PROGRAMA

Lunes. “Marco legislativo”:
Mañana:
9 - 9,30 h. Presentación: D. Pedro Caro (director de la Oficina del Casco Histórico de Córdoba).
9,30 - 11,30 h. D. Jesús Ventura Villanueva (Jefe del Servicio de Conservación de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía en Córdoba): “La normativa de protección e intervención sobre el patrimonio arquitectónico andaluz”.
11,30 – 13,30 h. Dr. Juan Francisco Murillo Redondo (Jefe de la Oficina de Arqueología de la Gerencia Municipal de Urbanismo de Córdoba): “La protección del Patrimonio Arqueológico a partir del PGOU y del PEPCH de Córdoba. Balance de dos cuatrienios de gestión”.
13,30 -14 h. Debate
Tarde:
17 - 18 h. D. Pedro Caro (Director de la Oficina del Casco Histórico de Córdoba): “La protección del patrimonio arquitectónico de Córdoba”.
18 - 20 h. David López, Ana Zamorano, Pedro Caro, Alberto León: Recorrido por edificios históricos del casco histórico sobre los que los alumnos elaborarán sus respectivos proyectos (Visita guiada a la Calahorra, el Alcázar de los Reyes Cristianos y el entorno de la mezquita-catedral de Córdoba).


Martes. “La intervención arquitectónica”:
Mañana:
9 - 11 h. D. Juan Cuenca Montilla (Arquitecto): “La intervención arquitectónica en espacios monumentales: el entorno del Guadalquivir en Córdoba”.
11- 13 h. Dr. D. Antonio Tejedor Cabrera (Arquitecto. Universidad de Sevilla): “La intervención integral sobre el patrimonio arquitectónico andaluz”.
13 -14 h. Debate
Tarde:
17-20 h. Sesión práctica: Elaboración en equipo de un proyecto de intervención.


Miércoles. “Estudios técnicos”:

Mañana:
9 – 11 h. Dr. D. Enrique Nuere Matauco (Arquitecto): “La madera en el patrimonio arquitectónico”.
11 – 13 h. Dr. D. Juan Antonio Fernández Naranjo (Arquitecto. E.T.S. de Arquitectura, Universidad de Sevilla): “Desde la aproximación a los monumentos a la fábrica de ladrillo de junto”.
13,00 -14 h. Debate
Tarde:
17 – 18,30 h.: D. Carlos Costa (Restaurador. Museo Arqueológico y Etnológico Provincial de Córdoba): “La piel de los edificios: La utilización de revestimientos y su tratamiento en las obras de restauración”.
18,30 – 20 h.: Dr. D. José María Martín Civantos (Universidad de Granada): “El análisis de las técnicas constructivas como indicador cronotipológico”.


Jueves. “Los análisis arqueológicos de la arquitectura”:
Mañana:
9-11 h.: Dr. D. Alberto López Mullor (Servicio de Patrimonio Arquitectónico Local. Diputación de Barcelona): “La investigación arqueológica en el marco de un Proyecto de restauración arquitectónica. El ejemplo del Servei de Patrimoni Local de la Diputació de Barcelona”.
11 – 13 h. Dr. D. Miguel Ángel Tabales Rodríguez (Universidad de Sevilla): “La investigación arqueológica en la intervención sobre el patrimonio arquitectónico en Sevilla”.
13 -14 h. Debate
Tarde:
17 - 18 h. D. Javier Lobato Domínguez (Archivero del Cuerpo Superior Facultativo de la Junta de Andalucía en el Archivo General de Andalucía): "Las fuentes documentales archivísticas en los planes y proyectos de protección o intervención en el Patrimonio arquitectónico".
18 - 19 h. D. Raimundo Fco.


Viernes. “El uso y difusión de los edificios”. “Discusión y puesta en común”:
Mañana:
9 – 10,30 h. Dr. D. Desiderio Vaquerizo Gil (Catedrático de Arqueología, Universidad de Córdoba): “La gestión integral de las ciudades históricas: de la investigación a la difusión de los resultados”.
10,30 – 12 h. D. Gabriel Rebollo Puig y D. Gabriel Ruiz Cabrero (Arquitectos): “La intervención arquitectónica en la Mezquita-Catedral de Córdoba: la historia de un proyecto inagotable”.
12 – 14 h. Mesa Redonda: “La intervención integral sobre el patrimonio arquitectónico” Antonio Castro (arquitecto); Juan Requena (aparejador), Alberto Montejo (arqueólogo); Maudilio Moreno (Delegación Provincial de Cultura, Córdoba); Mª. Dolores Ruiz (Gerencia Municipal de Urbanismo); Carlos Costa (restaurador); y un alumno matriculado en el curso.
Tarde:
17-20 h.: Sesión práctica: Evaluación: Exposición y puesta en común de los proyectos de intervención elaboración en equipo por los alumnos.


NOTA: Este programa podrá ser actualizado previo a su impartición.



MATRÍCULA ON-LINE:

Entierro

Relato breve.
La calle está fría, desértica, soñolienta. Apenas han madrugado ya los primeros pájaros y, con ellos, su trinar. Sobre la acera, con un caminar lento pero continuo, un hombre; un alambre raquítico embutido en una gabardina negra. Casi no le asoman los oscuros ojos sobre el alto cuello, cerrado, de su abrigo. Un sombrero bruno le cubre la cabeza, mas no el cabello, pues hace tiempo ya que no lo usa. Sobre el suelo un par de largos y delgados pies encarcelados en otro de mocasines de color pez.
El primer rayo de sol acierta de pleno en su pecho, que hoy llora. De un bolsillo lateral saca un roído reloj de cuerda; se detiene y consulta la hora; tose, traga y prosigue. Siempre ha amado su trabajo, pero hoy lo detesta. En su oficio había encontrado una serenidad impensable en cualquier otro; le gustaba pasear entre las paredes vestidas de flores, leer los curiosos y solemnes epitafios de los mármoles, jactarse de su frialdad ante el dolor ajeno. Se detiene ante una enorme, oxidada, retorcida verja de hierro; ya ha llegado.
Saca de los bolsillos dos manos luengas y huesudas, pero fuertes, y las desnuda. Guarda los guantes de cuero negro que las vestían y se las mira: están ya viejas y cansadas, pero limpias; las uñas cortas y también pulcras, pero amarillas. Del pantalón extrae un manojo de llaves. Elige una y la introduce en la cerradura. La puerta grita estrepitosamente mientras queda abierta; sólo una hoja, hoy no vendrá mucha gente.
Recuerda ahora cómo una vez dio sepultura a una familia entera: padre, madre y dos hijos -el menor de apenas seis meses-; el desafortunado grupo pereció, como tantos otros, en la carretera. Volvían de unas placenteras vacaciones veraniegas en la Costa del Sol cuando las primeras añoranzas y las ganas de volver a ver a los seres queridos se vieron aplastadas y masacradas, junto a ellos, bajo un camión de transporte. En aquella ocasión, la asistencia al camposanto fue masiva: familiares, amigos, compañeros de trabajo y de la escuela, incluso la prensa local y el alcalde acudieron al evento. Hoy no sería así, apenas el sacerdote, un vecino y un par de plañideras amigas del enterrador. Se lamenta de ello pero no se deja enturbiar. Ahora debe trabajar.
Se aproxima a un viejo cuartucho, entra en él y sale con una desgastada y verde regadera en la mano. Se dirige a una antigua pila adosada a la pared trasera del habitáculo donde guarda sus herramientas. Gira la llave del agua y las cañerías gimen, se estremecen y escupen un chorro lacrimal a través de su único y oxidado ojo. Llena la regadera y se dirige hacia los nichos.
Ensopa, ya entre las cárcavas, a las plantas que las acompañan y cambia el agua a las flores que las adornan. Observa el desequilibrado reparto de estas últimas: algunas tumbas, las de los más opulentos, parecen grandes macetas, en cambio otras, las de los más pobres, están desnudas, sólo tienen piedra y muerto. Termina su labor y vuelve al cuchitril, donde guarda la regadera.
Sale en esta ocasión con una bolsa de plástico llena de pienso y se encamina hacia el centro del cementerio, donde se encuentra el panteón de una importante familia adinerada. Se sienta. Espera serena y sosegadamente a que lleguen sus compañeros mientras saborea el humo de un cigarrillo que preparó anoche, tras la cena. Viene ya el primero: es un negro, de pelo corto y duro, de ojos grandes y redondos, de orejas mayúsculas y puntiagudas, flaco, sucio y no muy grande gato. Se acerca lentamente, pero sin recelo, y se sienta junto a él. Éste mete la mano en la bolsa y ofrece al felino un puñado de pienso, que acepta y come. Otros muchos van apareciendo por todos los rincones del cementerio y se sitúan alrededor del sepulturero. También un gorrión acude al evento, pero opta por la huida al ser casi atrapado por uno de los invitados al banquete. Los gatos se encuentran muy a gusto con él, asimismo, él con ellos. Disfrutan de sus caricias y de sus palabras; incluso se recuestan sobre él, confían en él, a diferencia de los hombres y mujeres que visitan el fosal. El canto de los pájaros y del tráfico queda casi ofuscado por el runrún de ritmo no rápido de su raro y rumoroso ronroneo. Acaban en pocos minutos con el festín y desaparecen entre los recovecos de la necrópolis. El cavafosas se queda solo de nuevo. Guarda la bolsa en un bolsillo de su pantalón y emprende un rutinario paseo, sin rumbo, dentro del reino terrenal de los ya fallecidos. Camina muy quedamente, sin ser apenas consciente de que se mueve. En su cabeza: recuerdos, pensamientos y proyectos. Recuerda cómo en su juventud solía acudir clandestina y nocturnamente con sus amigos aquí, al cementerio, donde llevaban a cabo prácticas muy poco ortodoxas; piensa que ahora su papel ha cambiado de polo: antes perturbaba a los difuntos, ahora vela por su perpetuo descanso; proyecta un deseo: el de ser profanado en su tumba por muchachos que sean como él fue, para no pudrirse de tedio.
Se detiene ante una vieja y estropeada lápida cuya inscripción ha sido ya borrada por el tiempo. Se trata, sin duda, del nicho más antiguo del recinto, y se trata, a su vez, del hogar de su difunta hermana. “Ahora ya no estarás sola” dice mientras posa su mano sobre la fría piedra negra. Suspira y retoma su camino, a la deriva. El sonido de las viejas campanas de la iglesia del barrio le hacen volver a la realidad con violencia; “ha llegado el momento”; su corazón se acelera del mismo modo que su paso hacia un rincón lejano y perdido del camposanto.
El cura ya está allí, hablando con los tres robustos mozos que han traído el ataúd. Al notar su presencia, el grupo de hombres calla secamente y dirige la vista al suelo. Uno de los muchachos comienza a silbar intentando así escapar de la tensión que ha surgido con la llegada del sepulturero, pero es interrumpido por el codo de uno de sus colegas, que saluda, con disimulo, al hígado del pseudoflautista. De nuevo silencio. El párroco clava su mirada en los ojos del enterrador y acaba con la ensordecedora insonoridad:
- Pronto llegarán las plañideras -dice-. Ya no deben tardar.
Silencio una vez más. El sacerdote se evade ojeando la Biblia. El enterrador mira ahora al trío, que ipso facto comienza a examinar el terreno con la mirada, consiguiendo, de este modo, huir también de la incómoda situación. Enfoca finalmente su vista hacia el horizonte de cruces y cipreses. Dos mujeres y un hombre, que se acercan, atraen su atención. El bulto borroso y oscuro baja la cabeza antes de que puedan llegar a establecer contacto visual con él, quien, influido, acaba observando, al igual que los demás, la tierra que pisa.
Han llegado. El hombre, que viste como todos -a excepción de los tres jóvenes- de negro, aprieta fugaz y levemente con su mano derecha el hombro izquierdo del enterrador sin perder de vista el suelo y sin quebrantar el silencio, que es roto por los gemidos, preludio del llanto, de las dos arrugadas féminas.
El clérigo carraspea y se sitúa en el centro del tétrico grupo reclamando su escucha con un doble golpe de tos contundente y seco. Comienza ya, salmodiando un réquiem que nadie entiende pues, para evitar tener que referir algunas palabras sobre la persona que fue el cadáver, ha elegido, como antaño, usar el latín. Los asistentes no tardan en aburrirse y en trasladar su mente a otro lugar. Sólo el sepulturero escucha, aunque no comprende una sola palabra. El monótono, continuo y regular chorro de voz emanado de la religiosa laringe se superpone de una manera casi tosca a las falaces penas, quejas y lágrimas de las dos señoras durante la ceremonia.
Apenas han transcurrido unos minutos cuando el cura, insultantemente breve, da por terminada su intervención con un solemne y sonoro “requiescat in pace”. El eclesiástico calla, haciendo con la cabeza una seña al enterrador, quien, tomando una ya conocida herramienta que le ofrece uno de los muchachos, comienza a abrir la fosa.
La tierra se torna más oscura a cada palada. Cava sin querer cavar y aferra el mango de su enorme cuchara con tal vigor y empeño que parece agarrarse no a la madera, sino al momento, a este último lapso que desea que no termine jamás. Nada lúcido queda ya en su mente, abrumada por el martilleo incesante y doloroso de su corazón. El montículo de tierra que se ha ido formando con su trabajo crece hasta que el hoyo es ya lo bastante hondo y ancho. Se endereza con dificultad y se aparta del recién nacido agujero. Descansa ahora apoyado sobre la pala mientras observa cómo los mozos introducen, ayudados por sogas, la caja chapada con láminas de rojísima y falsa caoba en la zanja. El sacerdote lanza una bendición mientras dibuja con el brazo una cruz en el aire. Las plañideras se parten el pecho y arrojan algunas flores, aunque no muchas. El impasible caballero, vecino del sepulturero, simplemente ansia ver el final de todo esto para marcharse a la tasca, donde le esperan el vino y el dominó.
El cavafosas comienza finalmente a devolver la tierra a su lugar, y con cada palada rebosante de ésta cae también sobre el cada vez menos profundo foso una clandestina y solitaria lágrima, que desde su nariz resbala. Arropado ya el cajón con un grueso manto arenoso, aplana la superficie abultada y sobresaliente con varios y exactos golpes propinados con el dorso de la pala, que deposita seguidamente en el suelo. De uno de los muchachos toma una cruz muy sencilla, de madera, manufacturada por él mismo, y la clava con firmeza y tenacidad sobre el montículo. Las dos mujeres, que ahora sólo gimotean, dejan caer nuevas y escasas flores.
Ni una losa de piedra, ni un epitafio, ni ningún adorno de ningún tipo. Sólo la humilde cruz, la desnuda tierra y el inerte cadáver.
Todos se marchan ya, menos el enterrador, que se arrodilla e inclina sobre la tierra, llorando, para gemir:
- Adiós, mamá.
Juan Manuel Cano Sanchiz.

Exposición "Las Fábricas del Sur"


Almacén Central
Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba)
21 de mayo a 19 de junio de 2009.


La Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía presenta el próximo jueves 21 de mayo en Peñarroya-Pueblonuevo, dentro del ámbito de celebración de las III Jornadas Internacionales de Minería y Patrimonio Ciudad de Peñarroya, la exposición sobre arquitectura industrial denominada ‘Las Fábricas del Sur’, cuyo objetivo es poner en valor el patrimonio industrial existente en esta región. Con carácter itinerante, en esta ocasión, la sede elegida ha sido el Antiguo Almacén Central, edificio emblemático y singular de Peñarroya-Pueblonuevo, donde permanecerá abierta al público hasta el próximo 28 de junio.
Esta exposición se enmarca dentro de la línea de actuación para la recuperación de la arquitectura industrial de interés patrimonial, resultado de la celebración del Foro de Arquitectura Industrial en Andalucía en septiembre de 2005, iniciado por la entonces Consejería de Obras Públicas y Transportes. En la actualidad, la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio sigue esta línea de actuación que tiene como objetivo establecer un marco de conocimiento, estudio y reflexión sobre el valor y las potencialidades de los ejemplos más significativos de la arquitectura industrial en nuestra comunidad.
La muestra ofrece una visión amplia del patrimonio industrial andaluz desde diferentes perspectivas, combinando la representación de personas, actividades, maquinaria y arquitectura, las cuales forman parte de un mismo escenario. Compuesta en su totalidad por material audiovisual, los contenidos se organizan en torno a tres bloques temáticos: “fragmentos de la memoria”, que muestra una visión sobre el patrimonio arquitectónico industrial de Andalucía a través de un amplio repertorio fotográfico producto del trabajo de catorce fotógrafos; “testimonios”, que aporta información histórica, económica, técnica, social y laboral del sector industrial de la mano de imágenes y vídeos de archivo y de entrevistas realizadas expresamente para esta exposición; e “interacciones”, que recorre la actividad industrial en Andalucía mostrando los procesos de producción, manufacturas, materias primas, maquinarias y personas que los llevan a cabo. Asimismo se ha completado la exposición con el bloque ‘conexión’, que explica a través de un documental el proceso de industrialización en Andalucía y su patrimonio, organizado en bloques temáticos que abarcan desde la Andalucía preindustrial, los inicios de la Revolución Industrial, desembocando en el Patrimonio industrial andaluz actual y su protección.

Como complemento a la exposición se ha diseñado un programa de actividades que incluye, una proyección, un concierto y dos conferencias de entrada libre y gratuita, así como un servicio de visitas guiadas para el público interesado y grupos de escolares cuyo teléfono de contacto es:
957 56 26 08.
Horario:
Lunes a viernes de 11 a 14 h y de 18 a 21 h (excepto martes)
Sábado y Domingo de 11.30 a 14 h.
Martes cerrado.

Presentación incluida en el dossier de prensa de la exposición.
Consulte aquí el documento completo:

II Concurso-Exposición de Fotografía Digita "Geoda"

LA MINERÍA, LA GEOLOGÍA, EL PATRIMONIO INDUSTRIAL Y MINERO.

Fotografías de Juan Manuel Cano Sanchiz.
Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), Almacén Central.
Mayo de 2009.

Blists Hill es un antiguo asentamiento minero e industrial en Madeley (Telford, Inglaterra), que vivió su momento de mayor desarrollo en el siglo XIX. Sobre el antiguo pozo de una mina de carbón se alza un pequeño castillete, frente a la casa de máquinas donde el visitante podrá encontrar un antiguo motor de vapor que aún funciona. El Ironbridge Gorge Museum recuperó la mina y parte del entorno industrial y habitacional de este asentamiento victoriano, hoy un magnífico museo al aire libre para entender la industrialización británica.


El paso de los ingleses por la Cuenca Minera de Riotinto dejó en la misma unas profundas huellas que aún hoy son rastreables, tanto en sus gentes como en sus tierras. En imagen, a orillas del Río Tinto y de las vías del ferrocarril (desde donde está tomada la fotografía), el paisaje no parece pertenecer al mismo planeta que el resto de Huelva.


Cerca de Tharsis una galería de desagüe desaloja del interior de una mina sus aguas ricas en cobre, usadas durante años en cementación. La corriente, que aún fluye por el canal, dibuja formas caprichosas en la vegetación que ha crecido en el mismo, mientras que los bordes de éste se han visto coloreados por los óxidos; en conjunto forman un extraño cuadro abstracto de singular belleza.

Humaginación

Cortometraje rodado en el Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba).

Para visualizar en pantalla completa a través de youTube: http://www.youtube.com/watch?v=xUTFr-QCfuw

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Título: Humaginación.

Duración: 1min 35seg.

Formato: Digital / Blanco y Negro.

Año de producción: 2007.

Guión, dirección y montaje: Pablo Galera Pérez y Guillermo Molina Muñoz.

Música: Rafael Gallego Romero y Pablo Galera Pérez.

Intérprete (niño): José Triviño.

II Exposición-Concurso de Fotografía Arqueológica: Mas allá de la documentación


Fotografías de Juan Manuel Cano Sanchiz.
6-8 mayo 2009.
Universidad Complutense (Madrid).
Facultad de Geografía e Historia (Ciudad Universitaria).

Una grúa empleada en pretéritos trabajos arqueológicos en Dougga (Túnez), aguarda, frente al Capitolio, convertida en una ruina más.

En la antigua fábrica de pipas de arcilla de Broseley el visitante podrá encontrar una auténtica "cápsula en el tiempo", recuperada y puesta en valor por el Ironbridge Gorge Museum.

La pelota vasca, de Julio Médem

En 2003 Julio Médem no dejó a nadie indiferente con el estreno de su película-documental La pelota vasca. Admirada y premiada por unos, detestada por otros, el polémico tema sobre el que trata -el denominado "conflicto vasco"- ha distraído las más de las veces al receptor (sobre todo a los medios) y ha obstaculizado una percepción limpia del film en términos de puro cine.
Y como cine -al margen de lo que cuente- la película es buena o incluso muy buena. El trabajo de montaje desarrollado por Médem en la misma es la obra de un gran creador, y pocas veces el documental ha alcanzado cotas cinematográficas tan altas (aunque ejemplos hay).

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En la secuencia "Baga Biga Higa" las cualidades como cineasta de Julio Médem quedan de sobra demostradas. Se trata de una lección magistral de montaje, de cine bien pensado, donde, como en tantos otros filmes de Médem, la pulsión es protagonista.
Con imágenes procedentes de la tradición y folclore vascos el director monta su propio discurso, en el que para mí la lectura es clara: pulso entre el pueblo vasco y su historia (plano contra plano en el juego de la cuerda), confrontación (pelea de cabras), esfuerzo común por ir a algún sitio -pero a cuál- (carrera de piraguas en plano corto, de manera que vemos movimiento y dirección, pero no sentido) y, al final, no hay ganadores, sólo hombres derrotados por el esfuerzo y el cansancio ante un público divertido.

La fábrica de la memoria

Fotografías de Patrimonio Arqueológico Industrial (Juan Manuel Cano Sanchiz).
Espacio a_rojo, 25-03-09
Plaza Colón (junto a Ciclos Cabello), Córdoba.
http://espacioa-rojo.blogspot.com/


El peso de la industrialización en la configuración del Mundo Moderno fue decisivo, estableciendo un dilatado punto de inflexión que dio lugar a uno de los “antes y después” más marcados de la historia universal. Los testigos de este proceso –que van mucho más allá de las fábricas y las minas- son, por tanto, un documento histórico de gran valor (vid. http://ciudad-critica.blogspot.com/2009/02/la-voz-del-vapor-la-arqueologia.html), amén de una seña de identidad. En este sentido, el Patrimonio Arqueológico Industrial se convierte en un elemento de importancia fundamental para entender las ciudades y sociedades contemporáneas.

Centrale Montemartini (Roma, 1912) -hoy subsede de los Museos Capitolinos-

Los espacios urbanos del siglo XXI conservan, en general, un volumen muy importante de su Patrimonio Arqueológico Industrial, lo que se debe, entre otras muchas causas, a la proximidad en el tiempo entre el presente y la era industrial. Lamentablemente, la gran cantidad de estos elementos patrimoniales que ha llegado hasta nosotros juega en contra de su propia conservación -dificultades de gestión, sobrecarga económica, etc.-, a lo que debemos sumar -en demasiadas ocasiones- la falta de sensibilidad y de toma de conciencia hacia los mismos.

Central Eléctrica del Mediodía (Madrid, 1901) -actual sede Caixa-Forum Madrid-

La solución pasa, en la mayoría de los casos, por reutilizar las construcciones industriales obsoletas para permitir su salvaguarda, dando nuevos usos a estos viejos edificios. Ante los problemas administrativos y económicos que genera la conservación de este importante patrimonio, la adopción de nuevos usos -o la perpetuación de los antiguos- aparece a menudo como la única alternativa posible para poner en marcha, una vez más, estos espacios de trabajo en el abandono: Fábricas de la Memoria, un lugar para almacenar nuestra historia más reciente.

Matadero Municipal de Madrid (1910-1925) -Proyecto MataderoMadrid, espacio de uso multicultural-

Para más información sobre reutilización del patrimonio arqueológico industrial vid.: http://www.arqueocordoba.com/publ/publolPDF/cano02.pdf

La palabra pintada, de Tom Wolfe (1989)


Francamente, hoy en día, sin una teoría que me acompañe, no puedo ver un cuadro”.

Con esta sencilla afirmación Wolfe resume magistralmente el problema (o descubre el quid de la cuestión) del arte contemporáneo desarrollado a partir de los ismos. El arte como una actividad puramente intelectual es algo que está presente en el pensamiento de Wolfe, pero él va más allá y sitúa el peso de la creación artística en los mecanismos propios del intelecto, en pensar y razonar la obra, en justificarla racionalmente; es decir, en dotarla de una teoría artística. Tanto es así que Wolfe incluso se refiere -siempre desde su tono irónico- a las propias obras de arte (en el sentido clásico del término) como meras ilustraciones de las teorías a las que acompañan.
En La palabra pintada se ofrece al lector una panorámica de la Historia del Arte del siglo XX - que comienza con el Cubismo y termina con el Minimal y con el arte conceptual- enmarcada por algunas notas sobre Realismo -al comienzo- y Photo-Realism -al final- (lo que establece un supuesto punto de retorno que no es tal). Wolfe hilvana los distintos movimientos de Vanguardia con su prosa amena y literaria, mostrando de un modo muy sencillo y accesible cómo van surgiendo estos distintos movimientos y cómo no suponen realidades inconexas dentro del arte de la pasada centuria.

Number 3 (Jackson Pollock, 1950).

La Historia del Arte Moderno (es decir, Contemporáneo) que Wolfe nos cuenta es un pulso continuo entre el artista (el bohemio) y su entorno: le monde. Lo nuevo adquiere para el autor un valor fundamental en el arte contemporáneo, siendo precisamente lo que se pone de moda, lo que atrae a le monde y lo que, por tanto, equivale el arte vivo de cada período. En el arte de Vanguardia un movimiento no se elimina volviendo hacia atrás, sino saltando hacia delante, hacia lo nuevo; es esto lo que acaba con lo viejo y lo sume en el olvido.
Según Wolfe, el público no juega ningún papel en el arte moderno. Éste accede al acontecimiento artístico una vez que ya ha acaecido, por lo que su función queda limitada a contemplar y valorar (aunque su juicio pueda, para más inri, venir impuesto por la sociedad (le monde), los pre-juicios de la tradición y los filtros de información).

La Gran Vía (Antonio López, 1974-81).

Si un nuevo estilo te turba probablemente es algo bueno. Si lo odias, tienes que admirarlo”.

Esto, que ha caracterizado la relación de le monde con el arte moderno, debe mucho a las ideas Rosenberg (todo arte nuevo resulta feo al principio). Y es que tanto Rosenberg como Greenberg, Steinberg y el resto de los grandes críticos son, según la fina ironía de Wolfe, los verdaderos protagonistas del arte moderno: es de ellos, y también de algunos artistas-teóricos, de donde procede la Palabra que los pintores ilustran.

Podemos por tanto llegar a la conclusión de que el arte es hoy, más que nunca, una actividad ejercida desde la inteligencia y materializada (aunque esto sea algo accesorio) a través de unos medios que pueden ser manuales o no. Wolfe cree en esto (y yo creo en Wolfe), en el valor intelectual de la obra más allá de su materialidad, en la obra como palabra que puede ser ilustrada, materializada, o no.
En el arte moderno la cualidad de arte pasó de estar en los lienzos a ocupar las páginas de los manifiestos de vanguardia y de las críticas de arte. La Palabra Pintada (o esculpida, construida…) es, sin duda, el signo del arte de nuestro tiempo.

La voz del vapor

Publicado en Infomuseo, 7 (2006), pp. 5-7.
Boletín Informativo del Museo Histórico Local de Monturque.

LA VOZ DEL VAPOR. LA ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL COMO NUEVA FORMA DE APROXIMACIÓN AL PASADO RECIENTE.

Desde que en 1962 (GUTIÉRREZ 1997, 79) la sociedad inglesa tomara la calle en denuncia por el derribo del pórtico de la estación ferroviaria londinense de Euston hasta nuestros días la Arqueología Industrial ha experimentado un notable desarrollo, paralelo a una evolución tanto ontológica como metodológica. En efecto, las primeras definiciones de esta disciplina, como las debidas a Buchanan o Hudson, resultan hoy ya obsoletas y han dejado paso a otras nuevas, más ajustadas a la naturaleza arqueológica de esta herramienta de investigación histórica. De este modo, hoy podríamos definirla como la disciplina que estudia el mundo industrializado en todos sus aspectos, así como todo lo relacionado con las sociedades capitalistas, a partir, fundamentalmente, de la cultura material generada por las mismas.

Dos recipientes de distintas épocas con una misma función: contener líquidos. Ambos pueden informar sobre los procesos de producción que los generaron y las sociedades que los consumieron.


Cuestión a parte es el debate en torno al marco cronológico del que la Arqueología Industrial debe ocuparse. De un lado, están los que opinan que la actividad industrial es casi tan antigua como el hombre, formulando una disciplina diacrónica útil para estudiar una talla en sílex, un alfar islámico o una fábrica del XIX. No obstante, la postura dominante es la que defiende una Arqueología Industrial sincrónica, aplicada a un período concreto: el moderno mundo industrializado originado a partir de la Revolución Industrial[1]. En cualquier caso, bajo el término Patrimonio Industrial se engloban una cantidad ciertamente extensa de bienes de diversa naturaleza, pues a esta categoría pertenecen tanto los espacios para la producción como el objeto generado y las herramientas empleadas para ello, las infraestructuras necesarias para el desarrollo de la actividad industrial y también otros elementos no estrictamente productivos pero sí relacionados con el mundo industrializado, como la vivienda obrera o, ya dentro de lo inmaterial, el lenguaje y forma de vida de los trabajadores. De esta manera, el Patrimonio Industrial se define como todo aquel relacionado directa o indirectamente con lo que conocemos como sociedad industrial, es decir, aquella basada en los sistemas de producción capitalistas, que desde la Revolución Industrial cambiaron radicalmente los esquemas sobre los que estaba construido el mundo desarrollado.

En España, la Arqueología Industrial está asentando ya sus pilares en la comunidad científica, pero lo cierto es que, especialmente a nivel social, el desconocimiento y la falta de sensibilización generada por éste siguen representando dos importantes barreras a superar. Aún hoy en ciertos sectores poblacionales resulta chocante la conjunción de dos términos que podrían parecer contradictorios: “Arqueología” e “Industrial”. Tal disonancia sólo se produce cuando se parte de una concepción errónea de la propia Arqueología, a menudo identificada con una de sus técnicas: la excavación, y con un tipo concreto de Patrimonio: el soterrado. Pero si entendemos la Arqueología en su verdadera dimensión científica, es decir, como disciplina que investiga la Historia a partir fundamentalmente de los restos materiales generados por la misma, la legitimidad de la aplicación de su método a cualquier período se convierte en una evidencia. Asimismo, los problemas de sensibilización tienen que ver con otra percepción errónea, ésta vez del concepto Patrimonio, generalmente asociado con lo bello o con lo antiguo. Aún contando con abundantes excepciones, claro está que el bien industrial no juega, a priori, con los mismos parámetros de belleza que el histórico-artístico, pero aún así cuenta con una estética propia, apreciable desde distintos esquemas. Por otro lado, no ser aún antiguo, sino sólo viejo, genera también cierto rechazo en la sociedad, que a menudo no logra encontrar en el Patrimonio Industrial una seña de identidad[2].

La fundición de plomo de Peñarroya (1891), como la Mezquita-Catedral en Córdoba, es un documento histórico y una seña de identidad.

Sin embargo, que el Patrimonio Industrial es un documento excepcional de nuestra Historia reciente es un hecho que no creo necesario argumentar. No cabe duda de que del mismo modo que un castillo puede informar acerca de las sociedades que lo construyeron y utilizaron, así como de las circunstancias que generaron la necesidad de su edificación, una fábrica es igualmente testigo de un momento histórico singular, y entre sus muros se almacena la memoria de los procesos y los cambios que configuraron nuestro mundo actual. Leer esos datos, interpretarlos y difundirlos es el cometido de la Arqueología Industrial, porque no todo lo que sucedió quedó recogido en las fuentes escritas y, sobre todo, porque éstas fueron elaboradas habitualmente desde el poder y con la intención que late bajo cada acción humana. Es por ello que esta nueva disciplina puede aportar, a través del estudio de su fuente de información más genuina: la cultura material, una importante contrastación, así como nuevos datos, de nuestro conocimiento de la Historia reciente, o lo que es lo mismo: una nueva visión de nuestro pasado inmediato.


Juan Manuel Cano Sanchiz.


NOTAS:
[1] Precisar los límites de este período industrial supone un nuevo debate en el que no podemos entrar aquí por falta de espacio, por lo que remitimos a la bibliografía citada: vid. J. C. JIMÉNEZ BARRIENTOS (1997).
[2] Por supuesto esto que decimos no es válido ni para el total de los ciudadanos ni, mucho menos, para todas las regiones y países (piénsese por ejemplo en el caso inglés, donde se visitan tantas fábricas como catedrales), pero escribimos desde y sobre las circunstancias específicas de Córdoba.

BIBLIOGRAFÍA:
- ARACIL MARTI, R. (1982): “La investigación en Arqueología Industrial” en I Jornadas sobre la Protección y Revalorización del Patrimonio Industrial, Bilbao, pp. 15-24
- BARRAL i ALTET, X. (1992): “Arqueología industrial o Arqueología del mundo moderno y contemporáneo” en RIPOLL, G.: Arqueología, hoy, Madrid, 175-184.
- DOUET, J. (1997): “Arqueología industrial en Gran Bretaña” en Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº 21, Diciembre, pp. 106-111.
- FORNER, S. (1991): “Arqueología industrial. Concepto, teoría y métodos” en RAMOS et alii: Arqueología Industrial (notas para un debate), Málaga, pp. 23–38.
- GUTIÉRREZ LLORET, S. (1997): Arqueología. Introducción a la historia material de las sociedades del pasado, Alicante, pp. 79-88.
- JIMÉNEZ BARRIENTOS, J. C. (1997): “El Patrimonio Industrial. Algunas consideraciones relativas a su concepto y significado” en Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº 21, Diciembre, pp. 99-105.
- MARTÍNEZ, J. M. y CLOSA, F. (1999): “L’arqueologia industrial: una visió a la fi del mil·lenni”, en Revista d’Arqueologia de Ponent, nº 9, pp. 325-335.

Ciclo n.1, en la X Bienal Internacional de Fotografía de Córdoba


Exposición de fotografías de Juan Manuel Cano Sanchiz.
Café Málaga. Córdoba, 2006.


CICLO N. 1

Desde el punto de vista semiótico, en una fotografía la relación entre significante y significado es vulnerable, móvil, pudiendo la imagen significar tantos conceptos como se quiera. Las fotografías que integran Ciclo n.1 han sido tomadas sin solución de continuidad, buscándose en ellas un resultado plástico atractivo. Sólo a posteriori han formado un grupo, tomándose como excusa la construcción de un discurso con ellas. Se trata por tanto de un conjunto de imágenes que han sido cargadas de contenido después de su captura, proponiéndose un texto que puede ser aceptado o no por el espectador, quien queda liberado para desarrollar una percepción conceptual propia. El signo fotográfico se presenta así roto y se ofrece, que no impone, una re-construcción. De este modo, queremos hacer hincapié en la carencia de significados fijos en fotografía.

Ciclo n.1 trata sobre el paso del tiempo y sobre la vida con unos referentes que a veces poco tienen que ver con ello, introduciéndose varias interrupciones en este relato artificial que se materializan en fotografías conceptualmente vacías.

Juan Manuel Cano Sanchiz.
















Cambio Climártico



Exposición colectiva celebrada en Córdoba en 2006.
(Sala de Exposiciones del Albergue Juvenil).
Comisarios: Solimán López y Mamen Domínguez.
http://cambioclimartico.blogspot.com/



CON MUCHO GUSTO

El arte, como el mundo, ha cambiado. Más bien, ambos son elementos en constante evolución regidos por una ley común: todo fluye y nada es. (Me pregunto que pensaría Heráclito de Éfeso si pudiera curiosear en los lofts neoyorquinos de la nueva bohemia).
Innovación es la propuesta de Cambio ClimARTico, que, más que una exposición de arte, ha sido un lugar de encuentro para la creación. En efecto, en su marco han tenido cabida las más diversas inquietudes del sentimiento humano y los más variados modos de expresión, desde el teatro más rompedor y sugerente hasta las nuevas danzas urbanas de hoy, pasando por la poesía, la música y la prosa, sin olvidar, por supuesto, las artes plásticas, verdaderas protagonistas del evento. Incluso se planteó un happening en el que se invitó a los asistentes a batirse en duelo con el vacío del papel blanco. Y el público acudió a la llamada; estuvo allí y respondió.

Interdisciplinariedad es por tanto una de las principales cualidades de esta exposición, donde hay casi tantos soportes distintos como ideas. Instalaciones, video-arte, escultura, pintura, obra sobre papel, estampa, fotografía… hasta algo de ready-made, y dominando sobre todo ello el comodín de la técnica-mixta, la variación, la experimentación con los materiales y con el modo de trabajarlos, la originalidad en definitiva, al servicio del concepto o imponiéndose sobre éste, según los casos. Ya no queda prácticamente nada en estado puro, la vieja escuela parece haberse rendido ante el peso de la fusión y el aire fresco de las nuevas texturas y soportes. Ello obliga al espectador a disponer de un repertorio de miradas muy amplio, a encontrarse individualmente con cada obra y dialogar con cada una en un lenguaje distinto. Tanto es así que sólo existe un criterio unánime susceptible de ser aplicado al conjunto total de Cambio ClimARTico: el gusto.
Aunque no soy Chejov, también opino que las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. Y, en general, lo que he podido ver aquí me ha gustado, aún reconociendo diversas calidades.

Cambio ClimARTico funciona sobre todo a través de la empatía, pero sus obras rebosan contenidos. Parece dominar la conceptualización del arte, negándose los creadores a abandonar su derecho a la expresión, a la comunicación. Sin embargo, emisor y receptor no siempre comparten el mismo código, perdiéndose el mensaje por el camino y quedando para el disfrute la estética del medio, aquélla misma con la que el espectador empatiza. Y es que Tom Wolfe tenía razón cuando afirmaba que la obra de arte de hoy necesita un texto que enseñe cómo leerla, un manual de instrucciones, tal y como algunos de los artistas de Cambio ClimARTico parecen conocer, y así disponen.


Pero lo cierto es que todo esto carece casi de importancia. La cuestión radica en el modo en el que el sujeto se relaciona con el objeto, en cómo lo percibe y lo siente, lo cual nos lleva de nuevo a hablar de gusto. En Cambio ClimARTico hay sin duda arte para todos los gustos; para aquéllos que valoran lo figurativo, para los entusiastas del virtuosismo técnico, para los amantes de lo abstracto y hasta para los nostálgicos del pop. Pero sobre todo hay obras para los que buscamos ideas frescas, muy agudas algunas y más fáciles otras, obras que invitan a una segunda mirada, a su exploración de cerca y a la contemplación paisajística.
Hagamos caso a Gadamer y juguemos con el arte. Disfrutemos con él al margen de los problemas que escapan a nuestro entendimiento. No busquemos el quinto pie del gato, la respuesta es más sencilla: si nos gusta la obra funciona, y por tanto es buena. Es así de simple. Cambio ClimARTico para mí es un éxito precisamente por esto, porque me gusta lo que ofrece, y gracias a la variedad absoluta de la naturaleza de lo expuesto la muestra tiene potencia para relacionarse con un espectro de público ciertamente extenso. Pero además plantea muchas modalidades de juego, ora más receptivo ora más interactivo, más banal o más profundo, si bien poco importa eso. Lo que sí trasciende es que Cambio ClimARTico se ha convertido en una iniciativa con fuerza motriz, capaz de mover al público a ver y consumir arte, más allá incluso del gusto y de la lectura del contenido de las obras.


En definitiva, Cambio ClimARTico nos invita a jugar al arte, a la contemplación, a la reflexión y, por supuesto, a la emoción. Y al mismo tiempo, propone una nueva manera de entender el concepto mismo de arte y de exposición, así como su relación con el público y hasta el papel jugado por éste. Que la renovación propuesta fragüe en el futuro está por ver; que la experiencia ha funcionado en Córdoba es ya un hecho consumado.
Juan Manuel Cano Sanchiz

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