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lunes, 13 de marzo de 2017

Paisaje industrial de Andalucía (España)



Andalucía ha sido tradicionalmente una tierra propicia al tópico. Sobre ella ha pesado la descripción, un tanto manida, de ser una región carente de industria, anclada en el campo y consumida en el atraso. Con base en el escaso desarrollo de su sector secundario a finales del siglo XX, ha cundido la idea de que esa coyuntura se ha perpetuado a lo largo de su historia. De manera que podríamos decir, siguiendo a Rafael Castejón, que las consecuencias históricas se han confundido con la historia en sí.

Lo cierto es que Andalucía no experimentó -al menos, no en su conjunto- una Revolución Industrial propiamente dicha, a la inglesa. Sin embargo, ello no implica que durante los siglos XIX y XX no tuvieran lugar numerosos cambios e intentos de industrialización, algunos más afortunados y otros menos, pero todos relevantes en la configuración de la región y la sociedad andaluzas. Como consecuencia, los paisajes de la industrialización en Andalucía son, por encima de todo, diversos, plurales; de ahí su riqueza. Comprenden las actividades mineras, metalúrgicas y siderúrgicas; la producción y el almacenamiento de alimentos; las construcciones metálicas y mecánicas; la fabricación de herramientas, tejidos y otros objetos de consumo; la construcción naval y la pesca; las obras públicas y las infraestructuras hidráulicas; la industria química; la fabricación de cementos, materiales constructivos, cerámicas y vidrios; la generación y distribución de energía; los ferrocarriles y el transporte; la vivienda; los espacios de distribución y consumo de bienes; los de socialización, educación, religión, cultura, deporte y ocio; o las huellas en el medio ambiente; entre tantos otros aspectos. No pretendemos describir aquí todas y cada una de las realidades que componen el patrimonio de la industrialización andaluz. Basten unas notas muy breves sobre dos de sus sectores dominantes: minero-metalúrgico y agroalimentario.

Pocos territorios pueden hacer gala de un repertorio más amplio de activos mineros que Andalucía. Sus depósitos encierran buena parte de los metales usados por la humanidad, así como combustibles fósiles y otros recursos. Tanto es así que la historia de esta región está íntimamente ligada a la de sus explotaciones mineras y a los distintos pueblos que, desde el Calcolítico hasta nuestros días, se trasladaron a estas tierras atraídos por su riqueza en metales. Riotinto, seguramente el ejemplo más conocido, es buena prueba de ello. En aquel lugar las huellas de la explotación inglesa se solapan sobre las de otras fases históricas -muchas veces, borrándolas-, formando, junto con el singular medio en el que se encuentran, un conjunto de valor universal. Más allá de Riotinto y la gran cicatriz de Corta Atalaya, el patrimonio minero andaluz se extiende por el resto de la Faja Pirítica Ibérica, por el Alquife granadino, por los numerosos criaderos metálicos de Sierra Morena, por sus cuencas carboneras o por la menos conocida Sierra Almagrera, entre tantos otros lugares.

Conducción de humos de la fundición de piritas de Riotinto, Huelva (J.M. Cano)


Estrechamente ligadas al sector minero, siderurgia y metalurgia jugaron asimismo un rol decisivo en la industrialización andaluza, a pesar de que, como en aquel, las iniciativas más importantes correspondieron a emprendedores extranjeros. Piénsese, por ejemplo, en los hornos altos malagueños, las fundiciones de plomo linarenses o el amplio conjunto industrial de Peñarroya-Pueblonuevo. Este último, levantado por la francesa Société Minière et Métallurgique de Peñarroya desde finales del siglo XIX, es buen ejemplo de un centro de producción integral y autónomo diseñado para un completo aprovechamiento de los recursos del territorio. También, una clara muestra del colonialismo económico característico de la época. Hoy constituye uno de los yacimientos industriales más importantes de Europa, así como uno de los más maltratados.

Desplatación, en el cerco industrial de Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba (J.M. Cano)


Por su parte, la tradicional preponderancia del campo en la economía andaluza también tuvo un marcado peso en la configuración de su paisaje industrial. Molinos y fábricas de harinas y pastas; lagares y bodegas; mataderos; almazaras; destilerías y fábricas de cervezas y gaseosas; salinas, almadrabas y conserveras; fábricas de azúcar, salsas y dulces salpican toda la región, dando buena cuenta del potencial del campo andaluz y de la diversidad de la dieta mediterránea. El patrimonio agroindustrial de Andalucía es, ciertamente, muy amplio. Uno de sus ejemplos más singulares tal vez sea el constituido por el conjunto de trapiches, ingenios y fábricas dedicados a la fabricación de azúcar de caña en la Costa del Sol Oriental, que no puede entenderse sin el marco litoral en el que se desarrolla, el paisaje social de la zafra y la cultura propia de los colonos agroindustriales.

Una maceta con forma de pan de azúcar en Frigiliana, Málaga (Mª A. Medina)


Más allá de la producción y sus medios de distribución y consumo, el paisaje de la industria debe ser entendido como un escenario fundamentalmente humano. Hablamos de espacios de labor. Es decir, de lugares de tensión y confrontación donde las personas se enfrentan entre sí, con la máquina y con el tiempo, como brillantemente defiende Julián Sobrino. Los espacios de la producción constituyen un elemento fundamental para entender la sociedad actual, pero no son menos importantes las zonas de vivienda y esparcimiento, o las infraestructuras destinadas a la educación, la sanidad o la religión. De nuevo, Andalucía posee un amplio catálogo patrimonial al respecto. Un patrimonio muchas veces aún vivo, que rebasa lo material -archivos y fondos documentales inclusive- y se expande por las tradiciones, las costumbres y la cultura del trabajo. En definitiva, un legado que es necesario comprender, difundir, preservar y activar.

Casa de mis abuelos en la barriada obrera Electromecánicas III, Córdoba (J.M. Cano)    




Para saber más:
  • CASTEJÓN MONTIJANO, R. (1977): Génesis y desarrollo de una sociedad mercantil e industrial en Andalucía: La Casa Carbonell en Córdoba (1866-1918), Córdoba.
  • NADAL i OLLER, J. (1983): “Andalucía, paraíso de los metales no ferrosos”. In: DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. (Dir.): La Andalucía Contemporánea (1868-1983), Historia de Andalucía, vol. VII, Madrid, pp. 179-240.
  • PÉREZ PLAZA, A. (Coord.) (2008): El paisaje industrial en Andalucía, Jornadas Europeas de Patrimonio 2008, Sevilla.
  • SOBRINO SIMAL, J. (1997): “Balance de la situación del Patrimonio Industrial Andaluz”, PH Boletín 21, pp. 130-136
  • SOBRINO SIMAL, J. (1998): Arquitectura de la industria en Andalucía, Sevilla.



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